EE.UU. e Irán reanudan ataques en Ormuz tras un mes de tregua
El domingo, fuerzas estadounidenses atacaron dos lanzadores de cohetes en la isla de Larak, en el estrecho de Ormuz, según confirmó un oficial estadounidense. Fue la primera…
El domingo, fuerzas estadounidenses atacaron dos lanzadores de cohetes en la isla de Larak, en el estrecho de Ormuz, según confirmó un oficial estadounidense. Fue la primera acción militar de Washington contra Irán desde finales de julio, cuando una tregua pactada en abril detuvo los combates más intensos. Estados Unidos justificó el ataque como una medida preventiva para impedir que la Guardia Revolucionaria colocara minas marinas en la ruta marítima clave por la que transita alrededor del 20% del petróleo mundial. La agencia semioficial iraní Tasnim afirmó que el ataque se ejecutó con drones, aunque el Pentágono no lo confirmó.
Teherán no tardó en responder. La Guardia Revolucionaria lanzó misiles contra dos bases militares estadounidenses, una en Jordania y otra en Emiratos Árabes Unidos, según informó la agencia estatal IRNA. Fue el primer intercambio de fuego directo desde el 29 de julio, cuando una serie de ataques esporádicos dieron paso a una calma tensa. Aunque no se reportaron víctimas en esta ocasión, la escalada revierte el frágil alto el fuego y abre un nuevo capítulo en un conflicto que comenzó en febrero por el programa nuclear iraní y las sanciones estadounidenses.
El estrecho de Ormuz, el punto más sensible de esta guerra, vuelve a estar en el centro de la tensión. Estados Unidos había anunciado días atrás que había completado la limpieza de explosivos en la zona, pero el ataque del domingo sugiere que la amenaza de minado sigue latente. Analistas consultados por Al Jazeera consideran 'poco plausible' que Irán use cohetes para sembrar minas, como afirma Washington, pero reconocen la capacidad iraní de adaptar armas convencionales. La controversia refleja la dificultad de verificar en tiempo real las acciones en un teatro de operaciones donde la información se vuelve parte de la propaganda.
La reanudación de los ataques golpeó de inmediato los mercados energéticos. El precio del petróleo subió más de un 3% este domingo, según datos de la agencia Bloomberg, presionado por el temor a un cierre total del estrecho. Recordemos que en abril, cuando Irán cerró el paso durante unas semanas, el crudo llegó a superar los 120 dólares por barril. Esta vez, la administración Trump enfrenta una presión interna renovada: la inflación y el precio de la gasolina son temas clave en la campaña electoral, y el conflicto en Oriente Medio amenaza con erosionar la popularidad del presidente. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ya ha anunciado un nuevo paquete de sanciones contra sectores clave de la economía iraní.
El episodio también expone los límites de la maquinaria militar estadounidense. Un análisis de Folha de São Paulo señala que, tras seis meses de campaña, las Fuerzas Armadas de EE.UU. muestran fatiga logística y dificultades para sostener una guerra prolongada en dos frentes: contra los hutíes en el Mar Rojo y contra Irán en el Golfo Pérsico. El alto costo financiero y humano ha llevado a que algunos sectores del Pentágono presionen por una salida negociada, pero la línea dura de Trump y su equipo apuesta por intensificar la presión. El portavoz del Consejo de Seguridad Nacional, John Kirby, declaró que 'Estados Unidos no tolerará amenazas a la libre navegación'.
Esta escalada no sorprende a los analistas. 'Era cuestión de tiempo', dijo a Reuters el experto en seguridad del Golfo, Torbjorn Soltvedt. 'La tregua era frágil y ambas partes han mantenido una postura maximalista. El regreso a los ataques era inevitable'. La comunidad internacional, incluidas la UE y la ONU, han pedido moderación, pero sin resultados concretos. Mientras tanto, Irán insiste en que tiene derecho a responder y culpa a Estados Unidos de iniciar la agresión. El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Mohammad Javad Zarif, acusó al primer ministro israelí Netanyahu de 'engañar' a Washington para llevarlo a una guerra que beneficia a Tel Aviv.
En resumen, la reanudación de los ataques en Ormuz marca el fin de la tregua y plantea un escenario incierto. Con las elecciones estadounidenses en el horizonte y una economía global frágil, la presión por una desescalada aumenta, pero las posiciones no se han movido. La próxima fase dependerá de si este intercambio es un incidente aislado o el inicio de una nueva ofensiva sostenida. El mundo mira al estrecho, consciente de que cualquier chispa puede encender una crisis energética global.
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